Se define la suerte de Ulibarrie
En la sexta jornada de la "Causa Ayala", el imputado quedó aún más comprometido
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Se presentaron a brindar su testimonio RAÚL VILLANUEVA, un
suboficial del Ejército, retirado, quien prestó servicios en el destacamento de
la 7ma. Brigada con asiento en Santa Catalina, en el año 1976.
José Eduardo Obregón Insaurralde, un abogado de la localidad de Santo Tomé,
Corrientes. Humberto Pérez, un abogado penalista de larga trayectoria de nuestra
ciudad y el periodista y titular del diario “El Independiente”, Baltazar
Rodríguez Moreyra.
El empleado de Ulibarrie
El primero en testimoniar fue RAÚL VILLANUEVA, quien además de su condición de
retirado de la Fuerzas Armadas, fue empleado de Ulibarrie en la empresa de
Seguridad propiedad del imputado.
Por momentos fue confuso en su testimonio en cuanto a las fechas y a los nombres
de sus Jefes. Hubo entonces que refrescarle la memoria leyéndole su declaración
prestada en 1987, además de recordarle que se encontraba bajo juramento de decir
la verdad. Fue allí donde recordó que su destino a esta ciudad, fue en el año
1976. Pasaría luego a “recordar” más cosas.
Recordó al Mayor Claro y al Tte. Cnel. Aguiar, como segundo jefe y jefe del
Regimiento 9 respectivamente. También se acordó de la presencia de De Marchi en
Santa Catalina, cuando le tocaba inspeccionar las instalaciones estando de
turno. De pronto se volvió austeramente memorioso.
Manifestó que no existieron detenciones dentro del predio de Santa Catalina,
pero reconoció la existencia de lugares de acceso restringido tanto para los
soldados como los suboficiales, como era el Casino de Oficiales y el ingreso de
personal de las Fuerzas Armadas por un camino lateral por el cual se accedía
directamente hasta el Riachuelo, donde solía acamparse.
Cuando fue indagado respecto de las tareas asignadas en el marco de la lucha
contra la subversión del destacamento Santa Catalina, manifestó que esa unidad
era solamente de logística, encargado de proveer de elementos al resto de las
unidades del Litoral. Que no poseían personal para salir en cumplimiento de
algún objetivo.
Fue allí donde se le requirió precisiones respecto a lo que representaba la
palabra objetivo, manifestando que se refería a por ejemplo corte de rutas u
otras tareas, y que los que se encargaban de otras tareas como allanamientos era
personal del Regimiento 9.
El abogado 1
JOSÉ EDUARDO OBREGÓN INSAURRALDE, brindó un detallado relato de las
circunstancias que lo llevaron a conocer y entablar una conversación con el
prefecto Leandro Acosta.
Una situación fortuita (aunque reconoce que nada es casual) hizo que mantuvieran
una cena en común, en la cual Acosta oficiaba de anfitrión, ya que su cuñado
había recuperado la libertad, gracias a la labor profesional del Dr. Obregón,
junto a su par Humberto Pérez.
En esa circunstancia, ambos profesionales (Obregón y Pérez), preguntaron a
Escobar sobre cómo había sido el trato mientras estuvo detenido en la comisaría
de Saladas y la respuesta fue que había recibido un trato casi preferencial, ya
que al mando de esa Comisaría se encontraba Diego Manuel Ulibarrie, un hombre
casi de la familia por el vínculo que lo unía a su cuñado Acosta. Juntos habían
pertenecido al Servicio de Inteligencia, cada uno de su propia fuerza, en el
Área Militar 231.
Acosta, allí les refirió a ambos profesionales, que había participado de la
detención de Vicente “Cacho” Ayala, narrando cómo Ulibarrie, antes la caída de
Ayala al piso cuando era trasladado a la sede de la Brigada de Investigaciones
(frente a la Facultad de Derecho), lo había pateado tanto que eso lo llevó a la
muerte. El Dr. Obregón dado el paso del tiempo no recordaba la frase exacta, si
era que lo mató a patadas o que como consecuencias de ellas había fallecido.
El Dr. Obregón, al igual que su colega Pérez, recalaron en lo que manifestaba
Acosta, por haber compartido ambos en el mismo periodo, la facultad de Derecho
con Vicente Cacho Ayala.
En realidad no habían sido amigos ni compañeros, pero lo recordaban
perfectamente. Obregón quedó más convencido de las características
“particulares” del accionar de Ulibarrie, cuando Moisés Belsky (un sobreviviente
de la dictadura) al recuperar su libertad, le había comentado que estando en la
Alcaldía Provincial, padecía de una fuerte inflamación en las manos que requería
de atención medica y farmacológica, fue entonces cuando Ulibarrie, le hizo
extender sus manos y con un pisotón le propinó un fuerte golpe en su mano, que
lo destruyó.
Ambas circunstancias, hizo que no olvidara a Ulibarrie y que lo pusiera en
conocimiento de organismos de derechos humanos y que se presentara a testimoniar
cuando le fue requerido.
Al ser indagado si conocía las razones que lo llevaron al Dr. Belsky a estar
detenido, respondió que porque era el asesor del sindicato de empleados de UATRE,
(obreros rurales), y porque Adolfo Navajas Artaza, “los marcó”, tanto el como
otros empleados rurales que trabajaban en la estancia Las Marías, por eso fueron
detenidos.
También aportó, siempre de los dichos vertidos por Acosta en la cena que
detalló, que éste junto a Ulibarrie habrían participado en otros procedimientos
dentro de la Provincia.
El abogado 2
El Dr. HUMBERTO PÉREZ, refuerza el testimonio de Obregón, dando más detalles
sobre la cena en la cual tuvieron conocimiento de la suerte corrida por Vicente
“Cacho” Ayala y sus infortunados compañeros de militancia.
Manifestó además, que conocía desde antes a Ulibarrie y que sabe y le consta de
la pertenencia del mismo como integrante del Área Militar 231.
Narra las circunstancias de ese conocimiento, ya que desempeñando su labor
profesional ha defendido a varios clientes, en los cuales participó en la
investigación sumarial Ulibarrie, y como dichas detenciones sí pasaban a la
justicia ordinaria, debían regirse por el Código Procesal. Ulibarrie los
colocaba bajo el Área 231, a pesar de investigar delitos de la esfera común con
el afán de prolongar su detención.
Estos clientes a su vez le narraron al Dr. Pérez, sobre la brutalidad de
Ulibarrie, ya que varios de ellos fueron sometidos a golpizas por parte de éste.
Utilizaba la forma de colocarlos bajo el Área Militar 231, para mantenerlos
incomunicados y privarlos de ese modo de toda garantía constitucional.
Aporto número de expedientes de la época, que darían fe de sus dichos.
Al término de su testimonio, efectuó una aclaración al Tribunal, que si bien no
era amigo de Cacho Ayala lo conocía, y tenían un amigo en común también
desaparecido, “el Titi Álvarez”, a su vez que el trato que ha mantenido con
Ulbarrie siempre fue amable y cordial, y que ninguna de esas dos circunstancias
lo llevaron a testimoniar en pos ni en venganza de nadie, sino el solo hecho de
aportar la verdad.
“El duro de la policía”
Y por último testimonió el periodista BALTAZAR RODRÍGUEZ MOREYRA, quien refirió
conocer a Vicente Ayala y al imputado Ulibarrie.
A este ultimo lo recordó como “el duro de la Policía”, comparándolo con los
fallecidos comisarios de la policía provincial MARTÍNEZ (también vinculado a
delitos de Lesa Humanidad en la zona rural de las Ligas Agrarias) y al Comisario
LOVERA.-
Al ser preguntado sobre publicaciones efectuadas referidas a las detenciones de
Vicente Cacho Ayala, manifestó no recordar exactamente sobre Cacho Ayala, sí
sobre distintas publicaciones referidas a detenciones de desaparecidos, entre
los cuales seguramente estaban Ayala, como así también Artieda.
Al respecto de sus investigaciones, refirió que las informaciones eran
suministradas por personal policial, que amparándose en el secreto de
información, no reveló sus datos.
Esas investigaciones lo llevaron a publicar sobre la existencia de entierros
efectuados en forma clandestina en el Cementerio de Laguna Brava, al igual que
otros cementerios cercanos a la Capital correntina, y sobre los autores de
dichos procedimientos al ser preguntado sobre los mismos, refirió que se trataba
de los que se los condenó en el primer juicio del RI 9, es decir De Marchi,
Barreiro y Losito.
A su vez recordó haber oficiado como testigo hábil en un procedimiento efectuado
por fuerzas conjuntas, en un domicilio cercano a la Avenida Poncho Verde y Jujuy
en el año 1977, donde fue interceptado por un personal del Ejército para que
oficie como testigo y que en ese procedimiento estuvo presente Ulibarrie.
También refirió el periodista, que un informante retirado de la fuerza policial,
le habría manifestado que en la oportunidad de hallarse éste en la Jefatura de
Policía, escuchó a través de la radio interna policial un mensaje en código, que
el mismo sabía descifrar, por el cual toma conocimiento que Ulibarrie habría
participado del operativo de detención de Cacho Ayala.
Al ser indagado respecto del termino utilizado como “el duro de la policía”,
respondió que el termino “los duros”, lo es en relación a los que infligen todo
tipo de apremios a los detenidos, que ese término y mas aún, ese accionar, es
conocido tanto por jueces como fiscales porque dicha práctica viene desde
entonces y se sigue utilizando hasta hoy día en la Policía.
A su término la querella le requirió los nombres de las personas que le
brindaron la información aportada al tribunal, situación que Moreyra manifestó
no poder brindarlos, por no haber obtenido la autorización pertinente de esas
personas, por lo cual la querella le requirió que si en caso de que fuera
autorizado las podría brindar, manifestando Rodríguez Moreyra, que por supuesto
que si ello ocurría, las brindaría.
Otra jornada lapidaria para el imputado, que pide pista en Campo de Mayo a
medida que transcurren las últimas testimoniales.