"Ulibarrie dirigía el operativo"
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Comisario (RE) Diego Ulibarrie |
Un testigo imputó directamente a Ulibarrie en el secuestro de los cuatro militantes justicialistas desaparecidos de la "Causa Ayala". Se convierte en uno de los testimonios claves para dilucidar la suerte corrida por las víctimas y la responsabilidad del imputado. Antes, una testigo muy olvidadiza no aportó datos, aunque si lo hizo otro testigo que también vio el operativo y lo reconoció a Ayala como uno de los detenidos.
La quinta jornada de la "Causa Ayala" contó con un testimonio
clave, ya que ubica al único imputado no solo en el lugar de los hechos, sino
dirigiendo el operativo. Se trata de Esteban Celes, un vendedor ambulante que
conocía a Ulibarrie de antes y lo vio claramente dando las órdenes.
Celes vivía cerca del Club San Martín, en una de las tantas pensiones que se
veían en aquella época en el microcentro correntino, y siendo entre las 12,00 y
las 13,45 hs vio el despliegue de efectivos policiales y de civil que culminó
con la detención de los "Cachos" Barozzi y Ayala, de Jorge Saravia Acuña y
Orlando Diego Romero, todos militantes de la JP.
Llega a la escena segundos después que la testigo Nieves de Garay, declarante de
la segunda jornada, ya que no ve los disparos, solo oye las detonaciones y se da
cuenta que uno había querido huir y es recapturado inmediatamente. El humilde
vendedor ambulante ve a tres contra la pared, y en el medio a ese grandote
inconfundible, a cuyo lado había un maletín, "había U$S 150.000" decían
los curiosos, quizás con algo de acierto y un poco de exageración, lo cierto es
que dinero había allí sin dudas, y mucho, ya que la compañera de Jorge Saravia
Acuña reconoció en la tercer jornada que su pareja vino al nordeste con mucho
dinero para comprar una casa y montar allí una imprenta.
"Ulibarrie estaba con otro a su lado, un "coloradito" que creo que se
apellidaba Correa" dice Celes, y "es el propio Ulibarrie quien toma el
maletín".
Ubica en la escena además al auto de Ulibarrie, un Ramblert blanco o
cremita. Cuando el defensor le pregunta si el auto era de la policía o
particular, Celes le dice sin dudar: particular!. ¿Como lo sabe? pregunta
el Dr. Pujol. "Es que no hay que ser un buen lector para distinguir un auto
particular de un patrullero", le dice, con el sentido común que le faltó a
la pregunta.
El abogado del foro local
Antes de declarar Celes hizo lo propio un abogado, el Dr.
Miguel Ángel Tannuri. Este testigo alcanzó a percibir parte de lo que vio Celes,
es decir los tres detenidos con las manos en alto y en el medio al grandote que
pudo identificar claramente: era el Cacho Ayala. "Era inconfundible,
alto...delgado, más cuando se dio vuelta" dijo, ahí lo reconoció
indubitablemente.
Llegó segundos después que el primer testigo, ya que ni siquiera escuchó los
disparos, pero también coincide en lo fugaz del operativo, "fue muy rápido"
dijo. Quizás la única disidencia sea el modo en el que ve que suben a la
camioneta, "creería que fue por sus propios medios" afirma. Celes sin
embargo no duda en afirmar que los arrojaron a la camioneta, tal cual refiere
Nieves de Garay. Los últimos vieron los hechos por Moreno, más cerca de Rioja y
Tannuri lo hizo desde la esquina de Moreno y Salta, quizás algo le impedía ver
exactamente como ingresaron a la parte de atrás de la camioneta y asumió que
subieron por sus propios medios. Lo cierto es que pese a los años transcurridos,
ambos recuerdan desde distintos ángulos, la misma escena que compromete hoy más
que nunca a Ulibarrie.
La olvidadiza viuda del militar
Irma Aidée Heim fue la primer testigo de la jornada, pese a
que esta crónica la ubica última de manera arbitraria y al solo efecto de
priorizar lo sustancial de la jornada. Es viuda de un militar que trabajaba en
el Ex-Regimiento 9. La señora Heim vive actualmente en el Barrio militar de
Monte Caseros, Corrientes.
No recuerda haber conocido a Ulibarrie (lo dice así, no afirma no conocerlo,
sino "no recordar").
No recuerda haber visto el operativo ("quizás estuve en la facultad" dice,
aunque más tarde ante una pregunta de la Jueza Badaró reconoce que las clases
comenzaban a fines de marzo y los hechos ocurrieron en febrero).
No recuerda quién era el jefe de su esposo (militar que trabajaba en el RI9, en
la Compañía A, según sus dichos)
No recuerda si el padre de Cacho Ayala le mostró fotos de su hijo (cuando la
visitó varias veces para preguntarle si vio algo y rogarle que declare).
No recuerda qué le preguntaron cuando declaró sobre éstos hechos en la sede del
Regimiento 29 de Formosa.
No recuerda haber escuchado disparos.
No recuerda...